Misa Criolla - A. Ramirez - Missa criolla: midi e spartito SATB
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Misa Criolla (Ariel Ramirez)

Misa Criolla (Ariel Ramirez)


Misa Criolla: la composizione

misa criolla

Pianista e compositore argentino, Ariel Ramírez scrisse la sua opera “Misa Criolla” (Messa Creola) nei primi anni sessanta, proprio quando il Concilio Vaticano II  iniziava a consentire la celebrazione della Santa Messa in lingua volgare.

Dopo la seconda guerra mondiale, Ramírez lasciò la carriera di insegnante per eseguire musica in Europa, ed un incontro con un gruppo di suore nel sud della Germania lo portò a contemplare la scrittura di un pezzo spirituale che si è evoluto nella Misa Criolla. La canzone era un omaggio alla dignità umana, al coraggio e alla libertà, un messaggio distinto di amore cristiano.

Sentivo che dovevo scrivere qualcosa di profondo e religioso che rendesse onore alla vita e coinvolgesse le persone oltre il loro credo, razza, colore od origine (Ramirez)

Misa Criolla, ampiamente considerato come una composizione artistica sorprendente, nasce dall’impiego di strumenti e ritmi indigeni uniti al testo in lingua spagnola, che conferiscono un effetto di un carnevale riverente;  ha venduto milioni di album ed è stata eseguita innumerevoli volte in tutto il mondo da artisti del calibro di José Carreras e Mercedes Sosa.

Misa Criolla: lo stile 

Il kyrie di apertura è nel ritmo della vidala-baguala. Questa musica caratteristica del nord dell’ Argentina, trasmette il senso di solitudine che si vive nell’altipiano deserto. Il ritmo del Gloria, carnavalito, evoca il senso di gioia condivisa implicita in questa parte della messa. Le due sezioni del Gloria sono separate da un recitativo (Yaravì) che rende la cadenza del carnavalito più brillante quando esso riprende con l’accompagnamento ritmico al completo. La chacerera trunca, un tema popolare dell’Argentina centrale, è la base del Credo. il suo ritmo ossessivo accentua la professione di fede e la sezione si conclude con le parole finali della preghiera che riaffermano il trionfo della vita eterna. Uno dei più belli ed insoliti ritmi della Bolivia, il carnaval cochabambino, è usato nel Santus. L’AgnusDei è scritto nel tipico stile della pampa (estilo pampeano): come nel kyrie si crea un’atmosfera di solitudine e distanza; un semplice recitativo esprime l’attesa universale della pace.

(La Corale Santa Cecilia di Tavernola ha eseguito per la prima volta la Missa Criolla in occasione del 110° anniversario dalla fondazione. I brani verranno riproposti insieme a quelli del “Navidad Nuestra” nel concerto del prossimo dicembre ad Ortisei.)

Misa criolla: ascolta i brani mp3 per voce singola


Segui il link per scaricare lo spartito del Kyrie – GloriaSanctus


ACERCA DE LA CREACION DE MISA CRIOLLA(Texto firmado por Ariel Ramírez)

En Roma había conocido al Padre Antuña, estudioso prelado de Argentina, quien me presentó al Padre Wenceslao van Lun, un holandés con quien nos entendíamos en un italiano básico pero eficaz, y al mismo tiempo bastante divertido. Van Lun me llevó a Holanda y desde allí me recomendó a un convento en Würzburg, una pequeña y hermosa localidad a unos 100 km. de Franckfurt. Todos los seminaristas hablaban alemán, salvo dos monjitas que estaban a cargo de la cocina y a quienes el Padre van Lun me presentó para ayudar a comunicarme, pues suponía que entendían español. La realidad era que las hermanas Elizabeth y Regina Brückner habían vivido en Portugal, y algo de español entendían, lo cual fue para mí una salvación en todo sentido: por fin podía dialogar y, por añadidura, desde ese día, empecé a comer con ellas, directamente en la mesa de trabajo de la cocina.

Frecuentemente, desde la ventana de la cocina, contemplaba el magnífico paisaje semiboscoso, gloriosamente verde, con una enorme casona que a lo lejos se dibujaba de blanco con las últimas nieves de la primavera. Tanta belleza me producía sentimientos exultantes y, desde mis jóvenes años, me parecía estar un paso más arriba de la tierra.

Ellas no compartían mi entusiasmo. No podían olvidar que esa casona y las tierras más distantes habían sido parte de un campo de concentración donde hubo alrededor de mil judíos prisioneros.

Desde la distancia, las monjitas me contaron, podían imaginar el horror y el miedo. Sólo en voz muy baja llegaban noticias acerca del frío y del hambre. Una estricta regla castigaba con la horca -sin más trámite- a cualquiera que ayudara o simplemente tomara contacto con aquellos que esperaban su trágico destino.

Pero Elizabeth y Regina habían elegido la misericordia y habían sido formadas para el valor, de modo que, noche tras noche, empaquetaban cuantos restos de comida podían y se acercaban sigilosamente al campo para dejar su ayuda en un hueco debajo del alambrado.Durante ocho meses ese paquete desapareció cada día. Hasta que un día nadie retiró el paquete y tampoco los siguientes, que se fueron acumulando. La casa estaba vacía y los rumores esparcieron la noticia acerca del traslado de los prisioneros. El temido viaje se había iniciado una vez más.Al finalizar el relato de mis queridas protectoras, sentí que tenía que escribir una obra, algo profundo, religioso, que honrara la vida, que involucrara a las personas más allá de sus creencias, de su raza, de su color u origen. Que se refiriera al hombre, a su dignidad, al valor, a la libertad, al respeto del hombre relacionado a Dios, como su Creador.

Un día de 1954, tal vez del mes de mayo, estando en Liverpool, no puede resistir la tentación de subir a un barco, el Highland Chefstein, que iba a Buenos Aires donde me esperaban mi hija Laura, de cinco años y mis viejos, que superaban los setenta. Me había convencido que en dos meses regresaría al lugar donde ya había decidido afincarme para siempre, pero el destino me reservaba otro rumbo. En aquel barco que atravesaba el Atlántico hacia el sur, empecé a rememorar el relato de las hermanitas Brückner y a pensar en toda la solidaridad humana, todo el amor que había recibido, de parte de gente extranjera con la que apenas podíamos comunicarnos por el desconocimiento mutuo de nuestras lenguas. Me conmovía pensar en que todo lo que recibí fue exclusivamente por amor a mi música y a mi persona, hasta que comprendí que sólo podía agradecerles escribiendo en su homenaje una obra religiosa, pero no sabía aún cómo realizarla.

Al regresar a Argentina, todo se transformó en mi vida, mi carrera había crecido y mis canciones comenzaron a ser muy populares, poco a poco comencé a ser Ariel Ramírez… con el tiempo Europa quedó muy lejos… pero mi pensamiento seguía centrado en la idea surgida en el Atlántico. En esta búsqueda comencé a reunir información, y es así que tiempo después me encontré con el Padre Antonio Osvaldo Catena (link a texto), amigo de la juventud en Santa Fe, mi ciudad natal, quien fue realmente el que transformó la base de lo que yo había escrito pensando en una canción religiosa, en una idea increíble: la posibilidad de componer una misa con ritmos y formas musicales de esta tierra. El padre Osvaldo Catena era en 1963 Presidente de la Comisión Episcopal para Sudamérica encargada de realizar la traducción del texto latino de la misa al español, según el Concilio Vaticano de 1963 que presidió SS Pablo VI. Cuando ya tenía terminados los bocetos y formas del ordinario de la misa el mismo Catena me presentó a quien realizaría los arreglos corales de la obra: el Padre Segade.

(http://www.arielramirez.com)